La rinoplastia funcional y estética es una de las cirugías más complejas que se puede realizar en cirugía facial. Combina habitualmente una parte funcional, para mejorar la respiración por las fosas nasales con una parte estética para corregir deformidades o mejorar el aspecto externo de la nariz, modificando su forma, proyección e inclinación para obtener un resultado armónico, natural, femenino y adaptado al rostro de cada paciente, por lo que no hay dos rinoplastias iguales ya que el cirujano debe adaptar la técnica en cada caso para armonizar y equilibrar, no para cambiar un rostro.


Para conseguir un resultado funcional y mejorar la respiración nasal, el cirujano decidirá la forma más adecuada de corregir las desviaciones del tabique nasal, reducir los cornetes o arreglar problemas de drenaje en los senos paranasales y realizará de forma algo más estandarizada las distintas técnicas para lograr el objetivo de permitir al paciente respirar perfectamente por la nariz y olvidarse de su incomodidad en un corto plazo de tiempo. Sin embargo, la cirugía estética requiere de un proceso previo de entendimiento entre el cirujano y la paciente, en el que se expongan los aspectos esenciales que se quieren cambiar durante la cirugía estética y acordar si esos cambios son posibles o recomendables.


Se suele esperar hasta los 16-18 años antes de realizar un procedimiento estético, aunque en casos de desviaciones muy severas se debe realizar una intervención muy conservadora sobre el tabique nasal y los cornetes a partir de los 14 años, dejando para más adelante la realización de procedimientos correctores de la pirámide nasal, ya que la nariz debe terminar su desarrollo antes de una rinoplastia.


La estética de la nariz femenina tiene unas particularidades específicas y actualmente la mayoría de mujeres suelen solicitar resultados muy naturales, a diferencia de la moda a finales del siglo pasado cuando se realizaban cirugías muy agresivas con cambios muy llamativos y que se reconocían años después como una nariz operada y algo artificial, muy estrechas, con puntas muy refinadas y muy elevadas. La rinoplastia moderna demanda un ángulo nasolabial no tan elevado, de unos 100-110 grados, un dorso muy levemente curvo y no tan pronunciado y una sutil elevación de la punta, manteniendo los rasgos típicos de la nariz femenina, pero de forma elegante y natural.