La Artroscopia es una técnica mínimamente invasiva que consigue el abordaje y exploración de las articulaciones con una pequeña incisión, la necesaria para introducir una óptica que transmita imágenes a un monitor de TV.


A través de un portal accesorio, o varios si el caso lo requiere, el cirujano puede introducir instrumental quirúrgico especialmente diseñado para no solo observar la articulación sino, también, poder realizar diversos actos quirúrgicos que permitan reparar las lesiones que encuentre en visión directa.

 

En el ámbito de la Traumatología, este concepto de exploración de una cavidad articular se ha modificado con el tiempo. Si al principio se trataba de introducir la óptica en una cavidad, poco a poco nos hemos atrevido a usarlo para lesiones donde no existía ese espacio, haciéndolo pasar entre planos tendinosos o musculares y acceder a otras lesiones fuera de la articulación.

 

La artroscopia es, por tanto, un término que se aplica a la exploración endoscópica en el campo de la Cirugía Ortopédica o Traumatología. En el resto de las especialidades quirúrgicas se han desarrollado técnicas endoscópicas como la broncoscopia, laparoscopia, faringoscopia, etc.

 

La Cirugía moderna ha sufrido un cambio trascendental en los últimos cuarenta años aunque los primeros intentos fueran mucho más antiguos. Se pretende una reparación quirúrgica a través de pequeños abordajes, con el menor daño posible para los tejidos, procurando minimizar el efecto agresivo de la intervención. Ha sido un cambio tan revolucionario que ha cambiado conceptos quirúrgicos elementales en búsqueda de la “Cirugía Mínimamente Invasiva”.

 

Nadie podía imaginar, por ejemplo, el surgimiento de la Radiología Intervencionista y que radiólogos que se sentaban a ver e interpretar imágenes en el campo de una especialidad diagnóstica pudieran relevar a los grandes cirujanos introduciendo una óptica diminuta a través de un vaso sanguíneo para acceder desde dentro a lesiones vasculares, cardíacas o cerebrales.

 

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Lo que ahora nos parece indiscutible hubo un tiempo que no era aceptado. El uso del artroscopio tuvo que vencer el recelo y a veces la oposición directa de los cirujanos tradicionales. La técnica artroscópica nada tiene que ver con la cirugía abierta. El aprendizaje es lento y a veces frustrante, mucho más si no ha comenzado en los primeros años de vida profesional. Requiere el desarrollo de aptitudes especiales, sobre todo orientación espacial. El cirujano artroscópico actúa sobre un campo operatorio que está fuera de su alcance visual directo. Mientras maneja ambas manos, que deben estar perfectamente coordinadas en la doble misión de manejo de la cámara y del instrumental, dirige la mirada hacia el monitor de TV, colocado a uno de los lados de la mesa de quirófano. Debe automatizar los gestos quirúrgicos y aprender a “buscarse” dentro de la cavidad articular, realizando movimientos que responden a una lógica distinta de la dictada por la intuición, acercando las manos en lugar de alejarlas, hasta hacer aparecer el instrumental que maneja una mano, por delante de la óptica que maneja la otra. Es lo que se conoce como “triangulación”.

 

Con estas dificultades, se explica fácilmente que fueran los cirujanos más jóvenes de cada servicio los que se iniciaran a final de los años setenta en el manejo de estas técnicas artroscópicas. Con todo por aprender y el afán propio de la edad, vencieron las reticencias de los cirujanos más experimentados para iniciar la marcha por un camino totalmente desconocido, que resultó mucho más largo de lo previsto. Las indicaciones iniciales de la artroscopia fueron diagnósticas. Se convirtieron pronto en quirúrgicas cuando se vio la posibilidad de extraer algunas muestras de sinovial para su análisis anatomo-patológico o de algunos cuerpos libres encontrados durante la exploración de la rodilla.

 

La indicación quirúrgica más clara de la artroscopia, cuestionada al principio, fue la meniscectomía. Las ventajas indiscutibles de la extracción del menisco roto a través de incisiones mínimas, sin daño para las estructuras envolventes de la rodilla, vencieron cualquier tipo de resistencia. La recuperación precoz y la disminución de las complicaciones quirúrgicas fueron tan evidentes que la demanda de los pacientes se convirtió en exigencia y la técnica abierta de la meniscectomía quedó totalmente abandonada. Durante algún tiempo se argumentó que la visión artroscópica nunca podría igualar la ofrecida por un buen campo operatorio, con la rodilla abierta y todas sus estructuras anatómicas “en la mano”. En realidad, la visión aumentada que ofrece el artroscopio resulta mucho mejor y permite la resección parcial del menisco, respetando las partes sanas.

 

El número de indicaciones de la artroscopia ha ido aumentando durante estos años y se ha extendido a la reparación de lesiones en otras articulaciones: codo, hombro, muñeca, tobillo, articulación temporo-maxilar, subastragalina, discectomía intervertebral con visión artroscópica, etc. Cuando parece haberse tocado techo en el número de indicaciones, surge una nueva técnica o se aborda una nueva articulación.

 

El establecimiento de toda nueva indicación quirúrgica ha sufrido críticas similares a las que soportó la meniscectomía. El camino recorrido ha sido muy largo hasta llegar al momento en que nadie discute la reparación mediante artroscopia de una inestabilidad de rodilla o de hombro, la descompresión subacromial o el tratamiento de una osteocondritis de astrágalo. Es obligado aclarar que no existe la perfección, que se han cometido y se cometerán muchos errores, que no hemos llegado a eliminar los inconvenientes de lo que todavía hoy es una agresión para el organismo aunque sus efectos sean menores que los de una cirugía que rompe las barreras de protección, rasga tejidos y deja expuesto el interior del organismo. Pero cada día somos más económicos en nuestra invasión y procuramos un mayor confort a nuestros pacientes. Quizá en un futuro podamos contemplar la cirugía con la visión crítica del que mira los errores y avances del pasado desde una posición que hoy parece inalcanzable: la que logre penetrar las barreras orgánicas sin causar ningún daño.
Esta entrada del Blog titulada «Qué es la Artroscopia?» ha sido realizada por el Dr. Eduardo Escobar, miembro de la Unidad de Artroscopia del Centro Médico Sendagrup.

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